por Lorena Cancela*
El cine ha construido toda una filmografía aparte a propósito del mirar la vida de otros desde una pantalla y el placer o interés que esto despierta: desde “Truman Show” de Peter Weir a “Las vírgenes suicidas” de Sofía Coppola, desde Hitchcock en “La ventana indiscreta” a “La muerte en directo” de Bernard Tavernier, el cine siempre pensó en cómo el hecho de ver a otros “viviendo” era un tema de ficción. Eso, en parte, explica que programas de televisión como “Gran Hermano” tengan tanto éxito.
Con la llegada de las redes sociales a nuestras vidas cotidianas, la literatura también le empezó a prestar especial atención al interés que produce el hecho de mirar a otros, en este caso, a través de las redes: “Los reyes de la casa”, la excelente novela de Delphine de Vigan, “La influencer” de Ellery Lloyd, un atrapante thriller o “Las vulnerabilidades” de Elvira Sastre donde una instagramer entabla un vínculo de co-dependencia con una fan, son algunos ejemplos.

La película “Baby-star”, del alemán Joshcha Bongard, se centra en cómo una familia de influencers ve afectada su vida cuando deciden tener otro hijo. Pero antes un resumen de la trama: Luca, Stella y Chris trabajan para las redes sociales produciendo contenido. Pero ¿qué tipo de contenido?: sobre ellos mismos. Todos los eventos “importantes” de su existencia están registrados y exhibidos: el nacimiento de Luca, cuando Luca aprendió a ir al baño, cuando hacen un almuerzo para recibir a sus fans en su propiedad. Todo está expuesto y por supuesto monetizado: lo que parece ser elecciones propias sobre qué y dónde comer, qué crema usar, qué vestir son en realidad acuerdos comerciales.
No hace falta ser experto en redes para darse una vuelta por estas y observar cómo esto es verdaderamente un trabajo para muchas celebridades. Ahora bien ¿todas las sonrisas son reales? ¿Dónde empieza la ficción y comienza el simulacro? ¿Cuál es el anclaje de estas vidas con lo real? Esas son algunas preguntas que plantea la película, aunque la más crucial: ¿Se puede proteger a las infancias de la exposición a la que a veces son llevados por sus mismos progenitores?
La delgada línea roja que hoy discurre entre lo público y lo privado nos lleva a formular algunas de esas preguntas. En una entrevista para el sitio The Film Verdict, luego de la exhibición de “Babystar” en el Festival de Toronto, Joshchta sostuvo: “En Babystar quisimos hablar no solo sobre los influencers sino sobre nuestra sociedad. Tenemos que repensar si realmente queremos monetizar todo lo que tenemos, cada relación íntima, por ejemplo, y si eso es una estrategia para vivir juntos o si tiene que haber límites.”
Atrás quedaron las películas donde una familia en Paris, interpretada por los actores Daniel Auteil y Juliette Binoche, se asustaba porque regularmente recibían en su correo imágenes grabadas en video de su propia vida. Atrás quedaron películas como “Family Viewing” del canadiense Atom Egoyan donde un hijo observaba a su padre a través de videos: hoy las familias se muestran, se exhiben, se auto vigilan ellas mismas y no hace falta ser mundialmente famoso. “Ser visto” parece ser un valor en nuestra sociedad.
“Babystar”, distribuida por CDI FILMS, se estrena este jueves en varios cines de la Argentina. La ópera prima de Joshcha Bongard, quien supo ser Youtuber, no solo nos conecta con el nuevo cine alemán sino también con los jóvenes directores, como Chiwetel Ejiofor director de “Backrooms” que comenzaron su carrera en el audiovisual de la mano de las redes sociales y en sus películas terminan cuestionando los conceptos de real e irreal. Todo un tema en la era de la IA.
* La autora es Lic.en Artes (UBA) Diplomada en EV (UB), autora de los libros Mirada de mosca, Adulterios de la escucha y Estado transitorio y co-autora de Plano detalle.