por Lorena Cancela*
Si algo define al cine italiano contemporáneo es la diversidad. Directores como Nanni Moretti (quien acaba de presentar en septiembre pasado en San Sebastián Succederá questa note), Brando De Sica (nieto del mítico referente del neorrealismo italiano y hacedor del cine de terror) y Darío Argento (quien en el pasado marche du Films en Cannes anunció para el 2027 la presentación de una ambiciosa trilogía de films de suspenso y, como no podía ser de otra manera, muy sangrientos), conviven con apuestas como Que Dios perdona a todos del actor y cineasta Pier Francesco Diliberto. Diliberto, más conocido como Pif, apuesta, en su última producción, por un cine de tinte más para “toda la familia” donde el placer por la comida y la reflexión sobre el díptico espiritualidad/religión son puestas en escena a través de un tono picaresco afín a la Comedia a la italiana.

La trama de Que Dios perdona a todos – cuya premiere en la Argentina aconteció en la última Semana de Cine Italiano desarrollada en Cinépolis Recoleta- es de alguna manera simple de contar: Arturo, un hombre agnóstico y agente inmobiliario amante de la comida, conoce a Flora, una pastelera sumamente devota. A partir de allí se iniciará un camino que cumple al píe de la letra con las “leyes” de la comedia romántica: conocimiento, fascinación, separación y…. el desenlace no lo contamos para no spoilear. Y también para ver la película que este 22 de octubre se estrena en la Argentina.
Ahora bien ¿qué tiene de distinto esta película en comparación a otras del género romántico? Que la trama se estructura en torno a dimes y diretes, propios de la comedia a la italiana, donde nuestro protagonista, para seducir a Flora, comenzará a mentir sobre su fe y a partir de allí se sucederán distintos enredos (de lo más graciosos) donde Arturo, nuestro antihéroe no solo se confrontará con sus propias creencias, sino que también pondrá en jaque a las creencias religiosas, y la fe, frente al ritual religioso. Es decir, lo novedoso es que la película habla temas serios en tono amistoso.

Al respecto, y en diálogo con Pablo De Vita en Cultura en Imagen en los estudios de esta emisora, Pierfrancesco sostuvo “Da risa que dos ateos escriban una película sobre religión, pero tengo mucho respeto por la religión en sí misma. Lo que es insoportable es el uso superficial e hipócrita que hacen algunos con el hecho de ser cristiano, hay un abuso de la palabra de Cristo, se predican ideas del Evangelio, pero después las acciones no se condicen; esa es mi crítica. Tengo máximo respeto por la religión y ningún respeto por los que explotan el mensaje de Cristo por conveniencia o superficialidad.”
Por otro lado, se destaca en la película el gusto por la comida, especialmente por la pastelería italiana sureña. Al estar ambientada en una panadería siciliana, los cannoli y otras delicias, se dan cita y promueven un sinfín de sensaciones. En este sentido, a aparte de ser una película reflexiva, también podríamos verla como una invitación a conocer a través del paladar a esta cultura milenaria. O como una carta de presentación de la gastronomía del Sur de Italia. En ese diálogo, Pierfrancesco fue contundente al respecto: “Otro rasgo autobiográfico en la película es mi pasión por los dulces italianos que son muy dulces, pero he visto que acá en Argentina con los dulces tampoco se quedan atrás.”
No es la primera vez que Pif dirige un film ambientado en esta zona. De hecho, Amor a la siciliana (2016) y La mafia solo mata en Italia (también de tono satírico), transcurren en esta región de donde es oriundo el realizador. De esta última película, también podemos decir que se transformó en una exitosa serie producida por la RAI y que se distribuyó globalmente por una importante cadena de streaming.

Y si de Italia hablamos, específicamente de Cerdeña, no podemos dejar de referirnos a La vida es así (2025) de Riccardo Milani que en un tono más agridulce cuenta la historia de un pastor que se resiste a irse de su propiedad frente al avance del mercado inmobiliario. Un film de tono más agridulce que va sobre las contradicciones del progreso y del supuesto avance de la humanidad y que está basado en hechos reales. De hecho, el pastor tuvo un nombre y apellido en la vida real: Ovidio Marras que luchó hasta último momento para que su tierra no sea transformada en un resort. Como conclusión, a no perderse estas dos maravillosas películas que muestran la contemporaneidad italiana, y también del mundo, a partir de confrontar poses y creencias
* La autora es Lic.en Artes (UBA) Diplomada en EV (UB), autora de los libros Mirada de mosca, Adulterios de la escucha y Estado transitorio y co-autora de Plano detalle.