Hay épocas en las que la historia avanza tan rápido que las discusiones quedan viejas antes de terminarse. Creo que eso es exactamente lo que nos está pasando.
En Argentina seguimos preguntándonos cuánto litio vamos a exportar, cuántos barcos saldrán de Vaca Muerta o cuántos miles de millones de dólares atraerán las inversiones mineras. Son preguntas importantes, pero ya no son las decisivas.
Mientras nosotros seguimos contando toneladas, las grandes potencias están contando patentes.
Y esa diferencia cambia absolutamente todo.
En apenas dos semanas ocurrieron hechos que, vistos por separado, parecen no tener relación. Wall Street castigó a varias de sus empresas emblemáticas de inteligencia artificial. Al mismo tiempo, en el noreste de China una planta de Zeekr terminó cientos de miles de automóviles prácticamente sin intervención humana. En Moscú, los BRICS avanzaron en un esquema propio para desarrollar tecnologías cuánticas. Días después, en Washington, otro grupo de países firmó un acuerdo para reorganizar la cadena global de la inteligencia artificial.
Parecen noticias independientes.
No lo son.

Son distintas expresiones de una misma competencia: la disputa por controlar la infraestructura tecnológica sobre la que funcionará la economía de las próximas décadas.
Durante gran parte del siglo XX el poder se medía por la capacidad de producir petróleo, acero o automóviles. Hoy esas industrias siguen siendo importantes, pero dejaron de explicar por sí solas dónde se genera la riqueza.
La renta extraordinaria ya no nace únicamente del recurso natural.
Nace del conocimiento que lo transforma.
El verdadero negocio ya no está solamente en extraer litio, sino en diseñar las baterías. No está únicamente en producir gas, sino en desarrollar los sistemas que administrarán esa energía. No está solamente en fabricar un robot, sino en controlar el software, los datos y la inteligencia artificial que le permiten trabajar.
*Se formó en gestión pública con un posgrado en la Universidad de Alcalá (España) — tesis sobre la nueva gestión pública aplicada a la seguridad interior — y formación previa en ESEADE