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jueves 23 de marzo de 2017

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Sin sangre, debido al capitalismo salvaje

Por Alejandro Tagliavini.

El insólito presidente venezolano –que justifica la importación de papel higiénico con cifras oficiales que demostrarían que sus súbditos comen más- durante un encuentro con trabajadores, leyó unos comentarios del Papa quien dijo: “Debemos recuperar el sentido directo de la gratuidad, de la solidaridad. Un capitalismo salvaje ha enseñado la lógica del provecho a cualquier costo… sin mirar a las personas”. De paso, propuso construir una espiritualidad sobre valores humanistas que, para él, son la violencia ya que anunció que creará las “Milicias Obreras Boliviarianas”, con dos millones de personas armadas, para generar “respeto”.

Según la Real Academia Española, capitalismo es el “régimen económico fundado en el predominio del capital como elemento de producción y creador de riqueza”. Así, en la URSS, por caso, si bien casi la totalidad de las empresas eran del Gobierno -el mayor “capitalista”- no dejaban de crearse a partir de los capitales aunque dirigidos y aportados por el Estado. Era un “capitalismo de Estado”. Estados Unidos, por su parte, es un sistema mixto, aunque con gran preponderancia del capital no gubernamental, privado.

Ahora, el capitalismo del mercado natural surge espontáneamente, sin imposiciones coactivas, es decir, por simple acuerdo voluntario entre las partes que deciden solidariamente, juntarse o no e invertir o no, sus ahorros en distintas actividades de servicio a la comunidad para, de este modo, ganar dinero. En contraposición, el de Estado nace de la imposición coactiva (utilizando el monopolio estatal de la violencia) sobre el mercado: obtiene dinero por vía de impuestos, de imposición de moneda estatal de curso forzoso, estatiza empresas y demás y, en principio, por violento es un capitalismo salvaje.

Así, cuando se impone la violencia –siempre destructiva- estatal, despreciando a las personas, es cuando falla la solidaridad que caracteriza al mercado natural. En cuanto a las actividades “gratuitas” del Estado, se solventan por vía impositiva, coactiva, que recaen con más fuerza sobre los más pobres ya que las empresas los pagan subiendo precios o bajando salarios. Por el contrario, dentro del mercado natural existen muchas ONGs, como Cáritas, que ofrecen caridad gratuita a millones.

Salvaje capitalismo se evidenció cuando el gobierno argentino decidió no pagar (estafar, realmente) a quiénes habían comprado sus bonos. El juez Thomas Griesa, razonablemente ordenó al gobierno pagar la deuda, fallo que de momento está apelado. Pero hete aquí que, otra empresa multi-estatal, el FMI advirtió sobre los “riesgos” que significaría convalidar el fallo, lo que podría generar “problemas” en otros procesos de “reestructuración de deuda” (estafa) de otros Estados socios.

Como colofón del capitalismo salvaje, la Conferencia Episcopal venezolana señaló la escasez y la dificultad para importar vino, que se transforma en la “sangre de Cristo” durante la Misa. Sucede que Industrias Pomar, la fabricante del vino Ecclesia autorizado en Venezuela para la celebración de la Eucaristía, no puede garantizar la producción y distribución, por la falta de algunos insumos para embotellarlo debido a que, coactivamente, la aduana estatal impide el paso. A esto se suma la dificultad para la obtención de divisas, dada la prohibición coactiva del gobierno, por parte de los importadores para traer vino de misa de otros países.

Alejandro A. Tagliavini es miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California.

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