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lunes 20 de agosto de 2018

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Prevención del secuestro virtual

Delincuentes se aprovechan de la sorpresa y desorientación de quien atiende. Qué hacer si llaman al hogar.

En Alerta 911, programa radial de prevención del Departamento de Comunicación Social de la Policía Federal Argentina, entrevistaron al Subcomisario Damián De Cesare, Jefe de la División Antisecuestro de la fuerza policial.

El secuestro virtual no está todavía tipificado como una categoría propia de delito en el Código Penal. El Poder Judicial entiende que es una estafa; antes, lo catalogaban como extorsión.

Comenzó cuando grupos de delincuentes encarcelados robaban desde los teléfonos públicos de su penal datos sobre tarjetas telefónicas a personas en sus domicilios, para comercializarlas con otros presos. Luego, los criminales pasaron a hacer secuestros virtuales desde la cárcel simulando tener en su poder a personas que no conocían, y pedían rescates a sus familiares, los cuales era entregado a cómplices en el exterior del penal. La PFA y el Servicio Penitenciario minimizaron el delito al poner un aviso en cada llamada telefónica que salía de los teléfonos públicos dentro de los penales.

Actualmente, los secuestros virtuales suelen generarse por delincuentes fuera de las cárceles. Se trata de bandas delictivas que llaman al azar a teléfonos de varios domicilios en una misma noche. Si bien tienen conocimiento del barrio, para las indicaciones de donde dejar el dinero del simulacro de secuestro, no tienen datos de las personas a las que llaman.

Cuando alguien atiende la llamada, el delincuente simula ser autoridad policial o médica, e informa sobre una emergencia que le habría pasado al hijo o nieto de quien atiende. Una vez que consigue información sobre la persona desprevenida que atiende, cambia el interlocutor y se escucha cómo alguien pide auxilio, socorro, de una manera desesperada, desgarradora.

Generalmente es la voz de una mujer. Si atiende un hombre le dice “papá”, si atiende una mujer le dice “mamá”. Acto seguido, otro delincuente requiere en forma vehemente y agresiva una recompensa en dinero a cambio de no hacerle daño en ese momento a la supuesta víctima.

Se trata de bandas enteras que trabajan de madrugada de jueves a domingo en las principales ciudades del país, aprovechando el horario en que los adolescentes y jóvenes salen a bailar.

El 90% de la información sobre la supuesta víctima secuestrada es información que suministra la persona que atiende, que la situación la agarra desprevenida.

Recomendaciones cuando uno enfrenta estas situaciones desagradables:

Ante todo, siempre ser cautos, mantener la calma, y no seguir el juego al que llama. No proveer ninguna información sobre sus familiares.

Comunicarse inmediatamente con el familiar o allegado por otra vía. Si el familiar no atiende, se debe intentar generar una prueba de vida, manteniendo la distancia con quien llama, sin proveerle ninguna información.

Generalmente, hay tiempo durante el primer llamado del delincuente para comunicarse por otra vía con el número 911 de la PFA.

Si el delincuente insiste llamando al hogar después de que la persona le cortó la primera llamada, se puede cortar y llamar al 911.

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