Image Image Image Image Image Image Image Image Image Image

domingo 24 de septiembre de 2017

Scroll to top

Top

Murió el filósofo Tzvetan Todorov

Murió el filósofo Tzvetan Todorov

Nacido en Sofía en 1939, educado en la Bulgaria comunista, Todorov vivía en París desde 1963, donde llegó huyendo del totalitarismo de su país, una experiencia que no dejaría de iluminar su obra intelectual.

“Este miedo a los inmigrantes, al otro, a los bárbaros, será nuestro gran primer conflicto en el siglo XXI”. En 2010, antes de la actual crisis de los refugiados, Tzvetan Todorov puso en palabras el paisaje que hoy nos rodea. El pensador franco-búlgaro, considerado uno de los más relevantes intelectuales contemporáneos, murió hoy, a los 77 años , en París. Su constante mirada alerta sobre las tendencias que ponen en riesgo a las democracias no opacó nunca un rasgo de optimismo, o de esperanza en las posibilidades humanas, que hizo original su pensamiento.

Nacido en Sofía en 1939, educado en la Bulgaria comunista, Todorov vivía en París desde 1963, donde llegó huyendo del totalitarismo de su país, una experiencia que no dejaría de iluminar su obra intelectual. Deja, en ese sentido, un recorrido prolífico y extenso: sus libros y sus ideas son apreciados en el campo de la lingüística, la historia, la filosofía política y la crítica literaria. Autor de Teoría de la literatura (1970), Los géneros del discurso (1978), El hombre desplazado (1997), El espíritu de la ilustración (2008), El miedo a los bárbaros (2008) y La experiencia totalitaria (2010), recibió el premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales en 2008 y desde 1987 dirigía el Centro de Investigaciones sobre las Artes y el Lenguaje del Centro Nacional de Investigaciones Científicas (CNRS) de Francia.

Pensador clave en los estudios de la lingüística durante los años 60 y 70, se volcó en los años 90 más hacia su faceta de historiador. Sus lectores suelen reconocerle un pensamiento crítico que no se alimentaba del rencor, sino de la lucidez, de un intento de equilibrio y de la oposición a la venganza histórica. Gran pensador de la historia y la actualidad europeas, defendía la democracia contra todo extremismo y con realismo, señalando cómo los peligros que la acechaban desde la Guerra Fría no eran tanto externos sino fruto de las propias reglas y mecanismos del sistema democrático.

En 2010 visitó por primera vez la Argentina; recorrió la ESMA y se interiorizó sobre el trabajo de los organismos de Derechos Humanos. Publicó sus impresiones en el diario El País, a la luz de sus propias indagaciones sobre la historia y la memoria. “Una sociedad necesita conocer la Historia, no solamente tener memoria -escribió-. La Historia nos ayuda a salir de la ilusión maniquea en la que a menudo nos encierra la memoria: la división de la humanidad en dos compartimentos estancos, buenos y malos, víctimas y verdugos”.

Incansable opositor a todas las formas del autoritarismo y los cepos puestos al pensamiento, tenía una fe también inquebrantable en los seres humanos. “Quizás sea un ingenuo, pero no creo que nada de lo que sufrimos hoy sea irreversible. Me niego a creer en una fuerza sobrenatural que nos impone cosas que no se pueden cambiar. Esto es un asunto humano. Y los cambios vendrán de nosotros”, dijo en una entrevista en 2013.

Google+