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jueves 27 de julio de 2017

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Impresiones de viaje

Por Stella Sidi

La Baie de St. Paul es una ciudad agrícola y turística de la provincia de Quebec, donde el francés es el idioma utilizado, pero todos tienen conocimiento del inglés. Es considerada la ciudad de los artistas por su gran actividad cultural. Se realizan diversos festivales de espectáculos, siendo un mosaico de naturaleza y cultura, como lo indica el mural de casi 500m2 donde aparece un tren pintado con un pedazo de vía real. El Río St Laurent domina la escena contenido por las sierras completamente verdes. Todos los días retira su caudal, dejando una playa recorrida por los visitantes, que se internan pisando la arena y el barro. Al atardecer, como un ritual, vuelven las aguas cristalinas a cubrir todo el espacio. Nadie se baña, el agua es muy fría… salvo cuando el calor arrecia. Este paisaje cambia radicalmente en invierno, se vuelve blanco, siendo éste uno de los lugares donde más nieva, excelente para los deportes de esa estación.

El Museo de Arte Contemporáneo de la Baie de St. Paul sorprende por su claridad de llegada al público, su impecable instalación y montaje, la amplitud de salas, con tres niveles de exposición. Es de destacar que cada año del 2 de agosto al 1º de setiembre, se realiza el Simposio Internacional de Arte Contemporáneo, después de treinta años de estos encuentros sin pausa, se reunieron más de 400 artistas de 28 distintos países, generaciones y disciplinas.

Justamente, como consecuencia de estos simposios, en el primer piso se muestran las atractivas fotografías de Matthieu Brouillard en diálogo con las de Doningan Cumming, dos artistas de diferentes generaciones. Los proyectos fotográficos de 1980 de este último, demuestran situaciones sociales y populares; en cambio, Brouillard más contemporáneo hace una fotografía posmoderna, barroca y citando sobre todo a Grunenwald.

En planta baja Marc Séguin, artista reconocido de Quebec, surgido también de estos encuentros artísticos, expone una muestra antológica de grandes obras donde el dibujo se mezcla con la mancha en óleo. Explora lo sacro y lo político, de una manera dramática y teatral, utilizando sangre de oveja y piel real de zorro. La mayoría de los artistas canadienses citan la historia y la geografía de su país. En el subsuelo, encontramos el acervo del museo, junto a videos y material obtenido de los encuentros del simposio.

La Isla de Coudres, bautizada por Jacques Cartier en 1535 por sus abundantes avellanos (coudriers), está en la región de Charlevoix. Encantadora isla, habitada por granjeros, constructores de botes y pescadores, espectacularmente situada y unida a tierra firme por un ferry. Tiene dos molinos, uno es de viento y no está en uso, el de agua funciona correctamente, asistí a una demostración, impactante para el habitante de ciudad, resultando la fabricación de harina que venden al público.

Mientras esperábamos para la visita guiada al molino, vimos una exposición de máscaras colocadas en una especie de tubo al que se accedía por pequeñas ventanas: en cada apertura había una de ellas. Estas máscaras corresponden a la mi careme, tradición medieval católica surgida en Francia durante la cuaresma, son de 3 a 7 días en que la gente las usa para no descubrir la propia identidad. Van de una casa a otra, bebiendo y danzando, rememorando las bacanales dionisíacas, en contraposición de las prohibiciones religiosas. La particularidad de estas máscaras es que están hechas de la harina que se produce en el molino.

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