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jueves 14 de diciembre de 2017

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El más feliz del mundo

Por Alejandro Tagliavini

Aunque muchas veces se nos nuble el entendimiento, debería parecernos lógico que la paz traiga felicidad y, juntas, riqueza, al menos -o “al más”- riqueza espiritual. Es que la coacción, la falta de paz -ya lo decía Aristóteles- evita el desarrollo intrínseco (equilibrado, espontáneo) de la naturaleza, desde que es efectuada por una fuerza extrínseca (extraña) al orden natural y, por tanto, lo perturba. Así, sin olvidar que el ser humano no es “matematizable”, y por lo tanto estos indicadores no son ni precisos y ni científicos, no sorprende que los rankings de los países ricos coincidan a grandes rasgos con los más felices y los más libres (los menos coaccionados por sus gobiernos con “leyes y regulaciones”).

En un estudio reciente, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), comparó la situación en 34 países, y concluyó que Australia se ha coronado por tercer año consecutivo como “la nación más feliz del mundo”, por su calidad de vida. Australia es la decimosegunda economía del mundo y la tercera en el índice de Libertad Económica (según la Heritage Foundation). En el ranking de la OCDE siguen Suecia (18 en el ranking de Libertad), Canadá (6), Noruega (31), Suiza (5), EE.UU. (10), Dinamarca (9), Países Bajos (17), Islandia (23) y Reino Unido (14). Muy atrás, en todos estos índices están, por caso, los países latinoamericanos agobiados por la pobreza, inseguridad y violencia.

“En general, los australianos están más satisfechos con sus vidas que la media de los países de la OCDE”, afirma el estudio de la organización. Se resalta que un 84% de la población australiana, dice que -a diario- tiene mayor número de experiencias positivas (sensación de descanso, cumplidos, placer) que negativas (preocupaciones, tristeza, aburrimiento). Se valoraron factores como el de la renta per cápita, empleo, vivienda, seguridad, educación, medioambiente, salud, comunidad, equilibrio entre el trabajo y la vida familiar, etc.

Un australiano gana un promedio de US$ 43.908 al año, una cantidad que se sitúa por encima de la de US$ 34.466 de los países industrializados y, además, tiene mayores probabilidades de encontrar un empleo que sea de su agrado. Con una tasa de desempleo de 5,5%, los hogares australianos tienen en promedio una renta neta disponible –lo que queda para ahorro o consumo- de US$ 28.884 al año. En comparación, en Chile (7 en el ranking de Libertad Económica) la renta disponible es de US$ 11.039, en México (50) de US$ 12.732 y en España (46) de US$ 22.847, según la OCDE.

El 73% de la población australiana de entre 15 y 64 años tiene trabajo remunerado, mientras que en España es el 58%, en México y Chile el 60% y en Brasil el 68%. Además, dada la eficiencia y productividad que supone el no violentar al orden natural (la falta de “regulaciones” coactivas), los australianos trabajan menos, un promedio de 1.693 horas anuales frente a las 1.702 de los canadienses y 1.787 de los estadounidenses. Los australianos tienen una expectativa de vida al nacer de 82 años, como en España, y un 85% dice tener “buena salud” aunque la tasa de obesidad es muy alta en Australia, el 24,6% de los 23 millones de habitantes es obesa, porcentaje superior al de la mayoría de países de la OCDE y que es del 17,8%.

Alejandro Tagliavini es miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California.

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