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sábado 18 de noviembre de 2017

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Censura del color que quieras

Por Alejandro A. Tagliavini

Cuenta la leyenda que, al despedirse de su audiencia televisiva, el periodista Leopoldo Castillo pidió como música de fondo “My way” (A mi manera), canción de Paul Anka eternizada por Frank Sinatra y así, visiblemente emocionado, recordó sus doce años al frente de “Aló, Ciudadano”, el popular programa de opinión que condujo hasta hace unos días en el venezolano canal Globovisión. Sucede que, en un programa anterior, había hecho un evidente gesto de fastidio cuando el presidente Nicolás Maduro ordenó la transmisión de un mensaje. “Es la tercera en dos días”, dijo.

Muchos colegas, como no se había visto antes, se solidarizaron. Por caso, Beatriz Adrián denunciaba en su cuenta de Twitter: “Nunca podré callarme. En Globovisión se está aplicando la censura”. Lo que pasa es que, el otrora combativo canal de noticias, hace pocos meses fue comprado por un grupo vinculado al chavismo. El cambio, sin embargo, no satisfizo a Maduro que insistió en que “Es un canal golpista”. Pero ahora podría mejorar la percepción del gobierno.

Otro aliado del chavismo, el presidente de Ecuador, Rafael Correa, también suele atacar a la prensa. Pocos días atrás, dijo en su cuenta de Twitter, que los diarios opositores son “hipócritas” porque lo critican con argumentos ecologistas por la explotación petrolífera de la reserva del Yasuní, en la Amazonia, pero alimentan la deforestación al imprimir en papel sus ediciones: “Ahora los mayores ‘ecologistas’ son los diarios mercantilistas… propondremos también diarios solamente digitales para ahorrar papel”, sostuvo.

Pero no solo los gobiernos populistas atacan a la libertad de prensa, sino que muchas veces los políticos de los países desarrollados también lo hacen y, en cierta forma, esto es peor porque resulta como un cuchillo por la espalda, ya que es censura que realizan Estados de los que la opinión pública, en general, no lo espera. Entre los últimos incidentes, David Miranda, que vive con el periodista Glen Greenwald de The Guardian que reveló los programas de espionaje masivo de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA, en inglés) estadounidense sobre la base de información proporcionada por Snowden, fue retenido en el aeropuerto de Heathrow durante casi nueve horas cuando se disponía a viajar a Brasil.

Miranda fue detenido por funcionarios e informado de que se lo interrogaría bajo el artículo 7 de la ley antiterrorista de 2000. La controvertida norma, que se aplica solo en aeropuertos, puertos y zonas fronterizas, permite retener, interrogar y detener a individuos. Luego fue liberado sin cargos, pero le confiscaron todos sus dispositivos electrónicos. A David “no le formularon ni una sola pregunta sobre terrorismo ni nada relacionado con cualquier organización terrorista. Pasaron todo el tiempo inquiriéndole sobre los reportajes que yo y otros periodistas del Guardian estamos escribiendo sobre la NSA”, relató Glenn Greenwald.

Lo malo del caso es que la retención, y la confiscación de sus pertenencias por hasta un máximo de 6 días, fue “perfectamente legal”. Lo que plantea una grave cuestión moral y existencial: puede ser ley cualquier cosa que se les ocurra a los políticos aun cuando cuenten con el apoyo de casi todo el electorado. Lo lógico es que toda ley que va contra el desarrollo espontáneo y natural de la vida (es decir, toda violencia según la definición de la filosofía clásica) no debería existir.

Alejandro A. Tagliavini es miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California
http://twitter.com/alextagliavini (@alextagliavini)

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